Final de curso en el Centro de Educación Especial (CEE) de Panxón, donde nuestro libro Tú serás mi flor ha sido base de un proyecto de trabajo para todos los alumnos. ¿Objetivo? Ayudarles a soñar, y a esbozar expectativas. El libro ha permitido también explorar emociones, algo muy importante para estos chicos. Habernos podido integrar en sus jornadas de trabajo –una al inicio del proyecto y otra esta misma semana, justo al final– nos ha hecho crecer, entender que nuestros lectores son diversos y valorar más nuestros libros.

Hemos compartido nuestro tiempo con niños y jóvenes con realidades difíciles; hemos comprobado sus destrezas, también su sensibilidad; hemos intercambiado ilusiones; hemos percibido su enorme capacidad de afecto, hemos visto gratitud en innumerables gestos y hemos ratificado, en suma, que una sociedad justa y desarrollada debe asegurar a cada niño un sueño, al menos, no importa su realidad. A cambio, les hemos dado nuestro tiempo y atención, nuestros relatos, también nuestro corazón…

Ahora sabemos que un centro como el de Panxón no es especial por sus niños –que son niños todavía–, sino por sortear el entorno adverso y darles una formación. En Panxón se imparte conocimiento, pero también convivencia; se atienden los sentimientos y se trabajan destrezas; se palpa la implicación de todo el profesorado, siempre atento; se trabaja la ilusión –a veces dormida–, se propinan mil abrazos, se escucha pacientemente, se invita a olvidar el fracaso con grandes dosis de autoestima… Se mira hacia el mar, muy adentro, donde cabe infinita fantasía.

Hemos tenido la suerte de ser un libro elegido… y ahora también nosotros acuñamos sueños más altos.